El 11 de septiembre de 2023 se cumplirán 50 años desde que un violento golpe de Estado que derrocó al gobierno democráticamente electo del presidente Salvador Allende en Chile. Augusto Pinochet, con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, instauró una dictadura que se dedicó a la represión terrorista de su propio país.
Un tema que el Centro de Estudios Latinoamericanos explorará a través de este blog son los legados de intervención: cómo la interferencia de fuerzas externas en los países de América Latina y el Caribe ha provocado décadas y siglos de consecuencias imprevistas y, a menudo, mortales.
La siguiente es la segunda parte de una entrevista realizada a un miembro de la Fuerza Aérea de Chile que fue testigo de la violencia ejercida por el régimen de Pinochet contra su propio pueblo. El primer artículo y parte de la entrevista se pueden encontrar aquí – “Legados de Intervención: Chile – Hasta que el mar entregue a sus muertos…“
Entrevista a Juan Carlos Molina Herrera
Por Patricio Lanfranco (Parte 2 de 2)

¿Qué pasó al día siguiente cuando regresó de ese segundo viaje después de arrojar cuerpos al mar y se negó a limpiar la sangre que había quedado en el helicóptero?
El viaje fue un día viernes. El sábado y el domingo no trabajamos. El lunes volví temprano en la mañana. Hicimos fila a las ocho y cuarto como todos los días, y vimos que el capitán ya había observado que yo no había limpiado el helicóptero. Se molestó mucho y me gritó, “¿Quién te crees que eres? ¿No ves que estás dejando evidencia de que estamos haciendo este tipo de operación? No te debería importar esa gente, ellos son como perros…” Le dije: “Mi capitán, para mí, no son perros”. Y él dijo: “¿Sabe qué? ¡Usted es un comunista!”.
El único que me defendió fue el Dr. Soroya, el médico de la unidad. Me dio una semana de permiso y me dijo: “¿Sabes qué, Molina? ¡Vete a tu casa, tienes amigdalitis!”. Nunca he tenido amigdalitis, pero se dio cuenta de que yo estaba en un estado de depresión muy fuerte. Entonces el capitán me dijo: “Ah, ¿entonces estás con licencia médica?”. Y el médico le pidió que me dejara ir a casa y tomarlo con calma, sin problemas. Así que me fui a casa. No le dije a nadie, ni a mi padre ni a mi madre. No podía contarles porque fue una experiencia muy fuerte, algo tan personal, me sentía culpable. Pasó una semana y el capitán me preguntó si iba a seguir… Le dije, “si me manda a estas operaciones…No”. Me dijo: “Pues entonces, no le devolveré su arma, de ahora en adelante estarás en el servicio de limpieza”. Ese Capitán me degradó a este estado: de ser mecánico y tripulante de vuelo a hacer ese tipo de trabajo. Pero preferí eso a volver a ser testigo de ese tipo de acciones. Lamentablemente para mí, en mayo de 1981, un hijo mío se ahogó en una tina de agua, un domingo. Y cuando examiné mi conciencia, concluí que estaba guardando un secreto tan fuerte que la muerte era una advertencia, un castigo de Dios. Y así lo tomé. Alguien me decía que tenía que decir la verdad.
Después de eso, me preguntaron una vez más si iba a continuar con mi carrera. Les dije que haría cualquier cosa menos ese tipo de operación. “¡Oh, entonces sigues con tus mismas tonterías! ¡Bien! ¡Seguirás haciendo el aseo!” Y al día siguiente me subieron a una camioneta y me llevaron al Hospital Militar. Un médico me examinó y me dijo que no tenía nada. Y luego miró las órdenes que decían que tenía que estar bajo arresto en el hospital psiquiátrico. No tenía problemas mentales ni nada. El médico fue muy honesto conmigo, le conté mi historia y me dijo que mejor me quedara allí. Dijo que me habían enviado ahí para ver si cambiaba de opinión. Dije: “¿Entonces estoy bajo arresto?” Él dijo: “Tómalo como quieras, pero no puedo darte ningún medicamento, porque solo estás deprimido por lo que has pasado con tu hijo… estás deprimido, quédate aquí, mantén la calma”. Él me ayudó, y un mes después el ejército me preguntó si quería olvidarme de lo que había pasado y volver, y que podía continuar mi carrera militar y no trabajar más en ese tipo de operaciones. Pensé que el ejército había gastado tanto dinero en mí, para enviarme a estudiar y todo, y yo era un buen mecánico. Siempre les recordé eso, y sé que no querían perderme. Pero les dije “no”. Luego me mandaron a buscar y me dijeron que me habían puesto en la “lista 4” del Ejército, la peor Lista. 1 En 1983 me secuestraron y me llevaron a una casa, me amarraron y me dijeron que si alguna vez decía una palabra de esto, me matarían a mí y a mi familia. Ese mismo día, inmediatamente, le dije esto a la gente de Derechos Humanos y Vicaría 2 : “Estoy recibiendo amenazas de muerte”, y ahí fue cuando dije toda la verdad.

(Imagen de El Juez y el General.)
Volviendo a los vuelos, ¿Qué pensó cuando se apagó la luz y quedó claro que habían arrojado los cuerpos al mar y que tenías otra media hora de vuelo de regreso?
Eso es difícil de describir. La mente de uno es tan frágil en ese momento, que incluso piensas: “¡Ese podría haber sido un pariente mío!” Lo primero que pasó por mi mente fue darme cuenta de que las familias de estas personas no tenían idea de lo que estaba pasando. Realmente no tenían idea. Iba a casa y no podía decirle a mi esposa lo que estaba pasando. Tuve que guardarlo para mí, vivir con lo que estábamos haciendo. A mis compañeros no les importaba si participaban o no. Pero ese no fue mi caso, yo no pensaba que las víctimas fueran perros. Para mí eran seres humanos, gente que tenía familia, gente que hasta podría haber sido inocente, y pensé: “Soy testigo de un grave crimen”.
¿Cuántos pilotos participaron en estas operaciones? ¿Todos los pilotos?
Participaron todos 3 y me dio mucha tristeza ver su cobardía. Esas personas eran oficiales, incluso coroneles, que nos habían enseñado que si cometemos un error como soldados, tenemos que enfrentar la verdad por más fuerte y dolorosa que sea, hay que dar la cara. Y más tarde, ver a esas mismas personas declarar en los tribunales diciendo que nunca vieron nada ni participaron en nada. Y ese es un dolor tremendo que tengo en el alma y en el corazón, y en el pensamiento. Ver a esa misma gente que decían ser oficiales y pilotos del ejército de Chile, no fueron capaces de enfrentar una realidad, una situación en la que fueron responsables -tal vez no-, pero es muy probable que ellos fueran los responsables. Y lo niegan, dicen: “no, yo no participé en eso” a pesar de que muchos de sus compañeros de armas saben que estuvieron muy involucrados en casos de personas desaparecidas. Son testigos directos, porque ellos eran los pilotos y sabían a lo que iban, nosotros, los mecánicos no. A nosotros nos decían que íbamos a un “vuelo local”, pero no nos decían adónde íbamos. Cuando era un vuelo de dos o tres días, llevábamos nuestras cosas y estábamos preparados, pero si era un vuelo local, no sabíamos a dónde íbamos, pero los pilotos sí.
Nunca supe si las personas que arrojamos al océano iban vivas o muertas. Pero nadie puede decir (y he insistido en esto en los tribunales) que [los pilotos] no sabían lo que estaban haciendo. Un piloto siempre sabe a lo que va. Ellos sabían que iban a salir a volar sobre el mar y detenerse durante diez minutos sobre un lugar y arrojar los cuerpos. Vi declaraciones de diferentes pilotos donde negaban todo. Eso es obstrucción de la justicia, es muy serio, pero los jueces no les creyeron.
¿Quién lo amenazó de muerte?
Iba caminando por la calle Brasil esquina con Alameda y me interceptaron dos sujetos. Me tomaron de la mano y me dijeron “Camina despacio, cálmate, hombre, no va a pasar nada”. Lo primero que hice fue mirar alrededor y ver qué estaba pasando. Me dijeron que mirara al frente. Doblamos en la esquina, y había un Peugeot 504 blanco con vidrios oscuros y un hombre estaba tapando la placa, abrieron la puerta, me tiraron adentro, me vendaron los ojos y comenzaron a conducir. No dijeron una palabra, y durante media hora manejamos, dando vueltas y vueltas. Nunca supe a dónde me llevaron, pero yo sí sé que era en el primer piso de una casa. Abrieron un portón, conté 3 o 4 pasos, abrieron otra puerta y sentí que el piso no era de cerámica ni de madera, sino alfombrado. Caminé 2 o 3 pasos más y los que me estaban sosteniendo me pusieron en una silla y me amarraron las piernas y los brazos a la silla. Creo que pasaron dos horas, así te torturan, porque durante ese tiempo te imaginas cada escenario: piensas en tu madre, en tus hijos, en que te van a matar, torturar con electricidad. Imagínese todo lo que puede pasar por su mente en ese tiempo. Y de repente por detrás me preguntan: “Tú eres Juan Molina, ¿verdad?”. Como me habían quitado la billetera, sabía que habían visto mi identificación. Me dijeron, “Te conocemos. Sabemos que vives en Padre Hurtado, conocemos a tu gente, a tus hijos. ¿Has dicho algo de lo que sabes? Le dije: “Yo sólo sé lo que todo el mundo sabe”, “No, no, tú sabes mucho. Mira, te vamos a decir algo: si abres la boca o dices algo, sabemos dónde estás y cada paso que das. Si sigues hablando primero vamos a matar a tu gente, y luego iremos por ti.
“Aquí estoy”, se los dije y también lo he dicho a través de la prensa: “Si quieren hacerme algo, háganlo. Si quieren hacerme daño, háganlo, pero no me amenacen más; no les creo. Porque eso al menos sería mejor que toda esta tortura”. Pero deben estar satisfechos con todo lo que ya me han hecho, porque saben que estoy destruido, derrotado, en la peor miseria. Y saben que el gobierno chileno nunca me va a dar una oportunidad.

(Imagen de El Juez y el General.)
Siento una gran tristeza y decepción. Imagínese: truncaron mi carrera después de dar todo lo mejor de mi. Y se ha comprobado que hasta ese momento mi desempeño había sido excelente. ¡Y mira cómo estoy viviendo ahora! Porque se me negó toda posibilidad de desarrollarme profesionalmente. Solicité trabajo en Lan Chile 4 y me dijeron: “¡no, estás loco! ¡Fuiste desleal!”. No tenía los recursos para salir del país, aunque con mi diploma y todo lo que había estudiado, podría haberlo hecho, pero no pude. Lo perdí todo.
Un día me encontré con un colega mío, un sargento mayor, y me preguntó: “¿No crees que hubiese sido mejor callar? Yo tengo mi casa, mis hijos, mi familia, recibo una buena jubilación. ¿No hubieras preferido quedarte callado?” Y yo le pregunté: “¿Cómo has podido vivir con eso todo este tiempo? ¿Actuando como si estuviéramos arrojando perros al mar?” Él dijo: “¿Cuánto crees que te van a pagar los grupos de derechos humanos por hablar? ¿Has pensado en eso?”
Respondí: “No me importa… ¿Sabes lo que necesito? Necesito tener mi conciencia limpia”.
Muchos colegas nunca le han contado a sus familias lo que hicieron. Muchos de nosotros fuimos llamados a dar declaraciones a la policía. Y aquellos que habían dicho que nunca participaron fueron acusados de obstrucción a la justicia, y ahora están cumpliendo una sentencia en la que tienen que registrarse todos los meses.
Su familia, su esposa, sus hijos, sus padres: ¿Lo apoyan?
Sí, claro. Mi esposa trabaja cerca del Municipio sirviendo el almuerzo. Si no fuera por ella, yo no podría sobrevivir. Hablé con uno de los concejales para pedirle ayuda. Necesitaba un trabajo, incluso limpiando para mantener a mi familia. He estado esperando desde 2002 por mi pensión. Tengo documentos que prueban que fui exonerado. Todavía no he recibido un peso. Me torturaron, me encarcelaron, me robaron todas mis cosas, me amenazaron, mi hijo tuvo que salir del país [por las amenazas], y no soy parte de las víctimas del Informe Valech, me dejaron fuera de la lista. 5
¿Sus vecinos conocen su historia?
Tengo vecinos en ambos lados (de izquierda y derecha). Hay vecinos que cuando vieron esto en la televisión por primera vez se me acercaron y me dijeron que tuviera mucho cuidado, y otros, cuando voy a comprar algo a una tienda o algo así, empiezan a gritar, “Asesino, asesino!”. A mi hijo de diez años en la escuela le preguntaron si su padre era un asesino y mataba gente.
Si hubiera sabido que este país no estaba preparado para la verdad, entonces no habría hablado, o habría pedido asilo en cualquier otro país. Y hecho esto [mi confesión] en otro lugar.
¿Usted cree que las personas que están siendo procesadas por estos crímenes son los responsables, o hay más personas?
Aquí el general Pinochet debería haber sido juzgado. Porque sabía demasiado, lo sabía todo. Pero era muy buen actor, y mintió hasta el final para encubrirlo todo. Nunca dijo nada, es más, se hizo millonario robándole a todo el país y eso me duele porque para mí él era lo máximo, inalcanzable, lo veíamos como a un Dios. Y después todo eso se derrumba. Y por culpa de él, a muchos nos arruinaron la vida.

(Foto de Paullete Desormeaux.)
Para la Parte I de la entrevista y un artículo introductorio, vaya a “Legados de Intervención: Chile – Hasta que el mar entregue a sus muertos…“
Elizabeth Farnsworth, coproductora/directora de El Juez y el General, es cineasta y ex corresponsal en jefe y principal presentadora sustituta de PBS NewsHour. Ha informado desde Chile, Perú, Camboya, Vietnam, Haití, Irak, Irán y Arabia Saudita, entre otros países y ha recibido tres nominaciones al Emmy y el Premio Alfred I. duPont-Columbia por su trabajo.
Patricio Lanfranco, coproductor/director de El Juez y el General, en 1995 produjo la cobertura televisiva en vivo del juicio a Manuel Contreras, exjefe de la policía secreta de Pinochet, por el asesinato del ex embajador de Chile en los Estados Unidos, Orlando Letelier en 1976 en Washington, D.C. Gracias a la transmisión, los chilenos pudieron por primera vez ver a los abogados presentar pruebas en un escenario oficial de los crímenes contra los derechos humanos cometidos por la policía secreta. En 2003 ganó el Premio del Consejo Nacional de Televisión de Chile.
María José Calderón es una documentalista chilena radicada en Oakland, California. En el 2009 recibió su título de maestría de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California. Fue productora asociada en El Juez y el General y más recientemente ha producido documentales para PBS, Latino Public Broadcasting, Netflix, Univision y otras cadenas. En 2020 coprodujo un documental para FRONTLINE, que fue distinguido con el Premio Scripps Howard y Úrsula y Gilbert Farfel por excelencia en reportajes de investigación.
Referencia
- Según Juan Carlos Molina Herrera, fue dado de baja y puesto en una lista que le impedía trabajar para el Estado, http://chitita.uta.cl/contraloria/documentos/bol-77-1.PDF y se queja de no recibir ningún tipo de ayuda, a pesar de haber sido expulsado de las FFAA, y ayudar en el proceso judicial. En estricto rigor, Molina debería haber establecido una querella en contra del Estado, por exoneración política (o ética), pero no ha sabido cómo hacerla, y acudió –equivocadamente- a abogados de DDHH que no estaban disponibles para defender a militares arrepentidos en la época.
- La Vicaría de la Solidaridad fue una organización de derechos humanos en Chile durante la dictadura militar de Augusto Pinochet. Fue creada el 1 de enero de 1976 por el cardenal Raúl Silva Henríquez. La Vicaría estuvo conformada por un equipo de trabajo de abogados, miembros de organizaciones sociales, clérigos católicos y laicos, quienes durante años se dedicaron a recoger testimonios de víctimas de violaciones a los derechos humanos y también de familiares de detenidos, desaparecidos y torturados. Crearon un archivo único que ha sido fundamental en la investigación de casos de derechos humanos. http://www.vicariadelasolidaridad.cl/node/7
- Solo unos pocos pilotos y copilotos han sido condenados por los delitos de homicidio agravado y cómplice de asesinato de víctimas de los “Vuelos de la muerte” ocurridos entre 1973 y 1980. Las penas van de 3 a 12 años de prisión. La mayoría han sido absueltos o se les han otorgado beneficios como el arresto domiciliario. https://expedientesdelarepresion.cl
- LAN, Línea Aérea Nacional de Chile fue privatizada en 1989 durante el último año del régimen de Augusto Pinochet.
- El informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura–también conocido como Informe Valech–es un registro de los abusos cometidos en Chile entre 1973 y 1990, por agentes del régimen militar de Augusto Pinochet. La comisión encontró que 38.254 personas fueron encarceladas por motivos políticos y que la mayoría habían sido torturadas. El testimonio ha sido clasificado y se mantendrá en secreto hasta el año 2054.
http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:85804




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