Legados de las Intervenciones: Chile

El 11 de septiembre de 2023 se cumplirán 50 años desde que un violento golpe de Estado que derrocó al gobierno democráticamente electo del presidente Salvador Allende en Chile. Augusto Pinochet, con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, instauró una dictadura que se dedicó a la represión terrorista de su propio país.

Un tema que el Centro de Estudios Latinoamericanos explorará a través de este blog son los legados de intervención: cómo la interferencia de fuerzas externas en los países de América Latina y el Caribe ha provocado décadas y siglos de consecuencias imprevistas y, a menudo, mortales.

En varias de las entradas anteriores de este sitio, se han explorado esos legados, por ejemplo, el régimen nicaragüense de Daniel Ortega como consecuencia del apoyo de Estados Unidos tanto al régimen de Somoza como a la Guerra de la Contra. Pero esa es solo la última incursión en ese país; William Walker trató de establecer “colonias de esclavos” en Nicaragua antes de la Guerra Civil estadounidense, por ejemplo.

El siguiente artículo es otro legado: la violencia del régimen de Pinochet contra su propio pueblo después del golpe respaldado por los Estados Unidos. – Los Editores


Hasta que el mar entregue a sus muertos…

Por Elizabeth Farnsworth, Patricio Lanfranco, y María José Calderón

El Océano Pacífico al atardecer desde la playa de El Quisco, Chile. (Foto por David RMG.)
El Océano Pacífico al atardecer desde la playa de El Quisco, Chile. (Foto por David RMG.)

El 8 de febrero de 1991, la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile, también conocida como “Comisión Rettig”, en honor a su presidente Raúl Rettig, 1 entregó un informe al recién electo presidente Patricio Aylwin detallando los abusos a los derechos humanos efectuados durante el gobierno del general Augusto Pinochet (1973-1990).

El Informe Rettig reveló oficialmente por primera vez que -entre otros crímenes- las fuerzas de seguridad de Pinochet habían lanzado cuerpos de presos políticos desde helicópteros al mar, ríos y lagos del país. Esos “desaparecidos”, como se les conocía en Chile, se habían opuesto al golpe de estado del general Pinochet en 1973 en contra del presidente democráticamente electo Salvador Allende, y contra la represión que le siguió. Según cifras actuales de informes oficiales al menos 1.469 personas fueron arrojadas, a veces con vida, a distintos cuerpos de agua, volcanes o desaparecidas de alguna otra forma. 2

Después de la publicación del Informe Rettig, pasaron diez años antes de que la presión de los grupos de derechos humanos, los abogados y los familiares de los desaparecidos lograra que el gobierno chileno nombrara jueces y detectives especiales para investigar más enérgicamente los crímenes que involucran a los desaparecidos. Los autores de esta introducción produjeron un documental para PBS sobre uno de esos jueces, Juan Guzmán Tapia. 3 Nuestra película, El Juez y el General, 4 que ha sido ampliamente proyectada en todo el mundo – y recientemente, el 18 de abril del presente 2023 – en el Museo de la Memoria en Santiago, muestra imágenes de la recuperación de rieles de acero que habían sido atados a cuerpos que fueron arrojados desde helicópteros al mar 5 en la bahía de Quintero (112 kms al oeste de Santiago). La película contiene una entrevista a Juan Carlos Molina Herrera, un mecánico de helicópteros, quién reveló detalles de los “vuelos de la muerte” al juez Guzmán. Las madres de los desaparecidos también le habían contado al juez que buzos de la zona habían encontrado piezas de rieles de acero en el fondo marino de la bahía de Quintero.

"Rieles de la muerte", titular del diario La Nación, 23 de septiembre de 2004.
“Rieles de la muerte”, titular del diario La Nación, 23 de septiembre de 2004.

La entrevista a Molina sobre los rieles es especialmente relevante en estos meses previos al aniversario número 50 del golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet (11/9/73). En marzo de este año, el presidente de Chile Gabriel Boric lanzó el Plan Nacional de Búsqueda, un nuevo esfuerzo para encontrar a los desaparecidos. “Tenemos el deber moral de nunca dejar de buscar”, dijo Boric. 

Todavía hay más de 1.159 víctimas de desaparición forzada o ejecución política cuyos restos nunca han sido encontrados. 6

En septiembre de 2004, el equipo de El Juez y el General filmó a los buzos sacando a la superficie rieles como los descritos por Molina. Los detectives de Guzmán ayudaron a cargar los rieles en los botes y luego los colocaron en un muelle en la costa. Ahí pudimos ver claramente un objeto pequeño y redondo adherido por el óxido a uno de los rieles. El análisis forense más tarde revelaría que se trataba de un botón de nácar. Ese botón se ha convertido en un símbolo especialmente conmovedor de la crueldad sádica del gobierno de Augusto Pinochet. 7 

Primer plano de un botón de nácar todavía unido a un trozo de vía férrea de acero encontrado en la Bahía de Quintero.
Primer plano de un botón de nácar todavía unido a un trozo de vía férrea de acero encontrado en la Bahía de Quintero. (Imagen de El Juez y el General.)

La confesión del piloto del helicóptero y la recuperación de los rieles fueron cruciales para que las familias de los desaparecidos confirmaran la desoladora realidad de que sus amados hijos, esposas y esposos estaban muertos, y que sus cuerpos fueron cruelmente hechos desaparecer para nunca ser recuperados. 

El 17 de junio de 2005, Patricio Lanfranco entrevistó a Molina en su casa en la comuna de Padre Hurtado, un barrio popular de Santiago. Hemos confirmado la participación de Molina en al menos dos vuelos de la muerte. 8 Hasta donde se puede determinar, ni Molina ni los pilotos de esos vuelos cargaron los cuerpos ni los lanzaron desde el helicóptero. Agentes encubiertos de las fuerzas de seguridad de la dictadura hicieron ese trabajo sucio.

Cuando le preguntamos al juez Guzmán sobre Molina, el juez respondió:

Es un hombre muy valiente, tuvo que hacer lo que le ordenaron sus superiores. Tengo el mayor respeto por él como lo tengo por todos esos testigos que tienen el coraje de contarnos lo que pasó y finalmente esclarecieron este caso. Ellos nos mostraron la importancia de cada paso en la cadena de eventos, de cómo estas personas fueron primero encarceladas, torturadas, llevadas al lugar donde los asesinaron y los arrojaron al agua. Es una historia triste, pero es la única manera de que nuestra gente y el mundo sepa lo que pasó aquí en Chile.

Molina nunca fue acusado de ningún delito. El 16 de mayo de 2022, la reportera chilena Paulette Desormeaux entrevistó nuevamente a Molina en su casa en Padre Hurtado. Según Desormeaux, Molina se quejó de que aunque los gobiernos democráticos posteriores a Pinochet habían prometido ayuda a los soldados que se presentaran a declarar sobre crímenes contra los derechos humanos, él (Molina) había recibido sólo un “bono de gracia” de ocho millones de pesos depositados en su cuenta de jubilación. Eso había aumentado su pensión mensual en 30 dólares, lo que Molina calificó de “ridículo”.

Hemos estudiado las declaraciones policiales de Molina, que son congruentes con lo que nos reveló. Le dijo a Paulette Desormeaux que él ha testificado 18 veces ante diferentes “ministros” (jueces), por lo tanto ha desempeñado un papel valioso en la confirmación de la realidad de los lanzamientos de seres humanos al mar, a veces aún vivos.

¿Es Molina un valiente testigo de la verdad, como lo elogió el juez Guzmán? ¿O es otro “soldado arrepentido” que sólo confirmó lo que para la mayoría de los familiares de los desaparecidos era algo sabido? Según Molina esto fue lo que le respondió un abogado de derechos humanos en Santiago cuando este buscó sin éxito su consejo. Como guía para responder estas preguntas y analizar los varios factores que motivan tales confesiones, así como el efecto en las familias de las víctimas, recomendamos el libro de la profesora de la Universidad de Wisconsin Leigh A. Payne, Unsettling Accounts, Neither Truth nor Reconciliation in Confessions of State Violence, Duke University Press, Durham y Londres, 2008. 9

Retrato de Elizabeth Farnsworth, coproductora/directora de El juez y el General, es cineasta y ex corresponsal en jefe y principal presentadora sustituta de PBS NewsHour.

Elizabeth Farnsworth, coproductora/directora de El Juez y el General, es cineasta y ex corresponsal en jefe y principal presentadora sustituta de PBS NewsHour. Ha informado desde Chile, Perú, Camboya, Vietnam, Haití, Irak, Irán y Arabia Saudita, entre otros países y ha recibido tres nominaciones al Emmy y el Premio Alfred I. duPont-Columbia por su trabajo.

Retrato de Patricio Lanfranco, coproductor/director de El juez y el General, en 1995 produjo la cobertura televisiva en vivo del juicio a Manuel Contreras

Patricio Lanfranco, coproductor/director de El Juez y el General, en 1995 produjo la cobertura televisiva en vivo del juicio a Manuel Contreras, exjefe de la policía secreta de Pinochet, por el asesinato del ex embajador de Chile en los Estados Unidos, Orlando Letelier en 1976 en Washington, D.C. Gracias a la transmisión, los chilenos pudieron por primera vez ver a los abogados presentar pruebas en un escenario oficial de los crímenes contra los derechos humanos cometidos por la policía secreta. En 2003 ganó el Premio del Consejo Nacional de Televisión de Chile.

Retrato María José Calderón es una documentalista chilena radicada en Oakland, California.

María José Calderón es una documentalista chilena radicada en Oakland, California. En el 2009 recibió su título de maestría de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Berkeley, California. Fue productora asociada en El Juez y el General y más recientemente ha producido documentales para PBS, Latino Public Broadcasting, Netflix, Univision y otras cadenas. En 2020 coprodujo un documental para FRONTLINE, que fue distinguido con el Premio Scripps Howard y Úrsula y Gilbert Farfel por excelencia en reportajes de investigación.


Referencias

  1. En 1991, la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile (Comisión Rettig), publicó un extenso informe que contenía los resultados de nueve meses de investigación y entrevistas con sobrevivientes y familiares de víctimas de tortura, violación, ejecuciones y desapariciones forzadas por parte de agentes estatales, durante el régimen militar de Augusto Pinochet entre 1973 a 1990.
    Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación: tomo 1
  1. Según informes de la Comisión Nacional de la Verdad y Reconciliación, la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación y la Comisión Asesora Presidencial para la Clasificación de Detenidos, Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura en Chile, el número de víctimas de desaparición forzada asciende a un total de 1.469 (del 11 de septiembre de 1973 al 10 de marzo de 1990).
    Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas: El compromiso U. de Chile con la defensa de los derechos humanos
  1. Juan Guzmán Tapia (1939-2021), fue el juez de la Corte de Apelaciones de Santiago designado (por sorteo) para investigar al ex dictador Pinochet y el primer juez en Chile en procesarlo por violaciones a los derechos humanos.
  1. En 1998 el juez Guzmán fue designado para investigar la primera querella criminal en Chile contra el ex dictador Pinochet. Abogados de DDHH y familiares de las víctimas se desalentaron con la designación. Guzmán – políticamente conservador – había celebrado el golpe de estado de Pinochet que acabó en 1973 con el  gobierno y la vida del presidente Salvador Allende, provocando la muerte y “desaparición” de miles de personas. El Juez y el General capta el momento histórico en el que el juez se sumerge en su investigación, y se constituye como un testigo único e íntimo de una de las dramáticas atrocidades cometidas en el siglo XX.
    El Juez y el General, West Wind Productions
  1. Los “Vuelos de la Muerte”, realizados por pilotos militares en helicópteros entre 1973 y 1980, tenían por objetivo hacer desaparecer los cuerpos de los prisioneros políticos asesinados.  Según la ley chilena de entonces, “sin cuerpo, no hay delito”. Los cuerpos de los presos políticos fueron sacados de centros secretos de detención o retirados de fosas comunes sin identificación (a veces dentro de instalaciones militares), atados con alambres a pedazos de rieles de trenes y arrojados al mar, ríos o volcanes. Hay testimonios de casos en que los presos aún estaban vivos o que hubo que cortarles el estómago para evitar que flotaran. Esta horrible práctica salió a la luz por primera vez en 1976, cuando el cuerpo de la militante comunista Marta Ugarte, de 39 años, apareció en la orilla de una playa cerca de Quintero.
    BBC Mundo | América Latina | Chile: “Dopados, para ser lanzados al mar”
  1. Varias instituciones del Estado están dando “señales” contundentes en relación con el 50.º aniversario: El parlamento está discutiendo una ley para incluir la “desaparición forzada” en el código penal; el ejecutivo puso en marcha el Plan Nacional de Búsqueda de víctimas de desaparición forzada durante la dictadura; y el Servicio Electoral encontró la manera de homenajear a las personas desaparecidas, agregando la frase “persona ausente por desaparición forzada” en su padrón electoral. Las personas desaparecidas no pueden ser borradas del padrón electoral, debido a que no son declaradas legalmente fallecidas.
    Gob.cl – Artículo: Presentamos El Diseño Participativo Del Plan Nacional De Búsqueda Para Víctimas De Desaparición Forzada En Dictadura
  1. El cineasta chileno Patricio Guzmán utilizó las imágenes de El Juez y el General (2008) en su documental El Botón de Nácar (2015).
  1. Hay inconsistencias en el testimonio de Juan Carlos Molina Herrera sobre cuántos “Vuelos de la Muerte” lo involucraron. En una declaración de 2006, Molina afirmó que participó en sólo dos vuelos: uno en 1979 que llevó cuerpos del Regimiento Militar Tejas Verdes y otro en 1980. Otro mecánico testificó que Molina participó en un tercer viaje en 1975, pero él lo niega.
    Declaraciones_pilotos_y_mechanicos_del_ejercito
  1. Leigh A. Payne, Unsettling Accounts: Neither Truth nor Reconciliation in Confessions of State Violence. (The Cultures and Practices of Violence), Duke University Press, Durham and London, 2008.

Entrevista a Juan Carlos Molina Herrera
Por Patricio Lanfranco (Parte 1 de 2)

Juan Carlos Molina Herrera durante entrevista para El juez y el General, Santiago, 2005.
Juan Carlos Molina Herrera durante entrevista para El Juez y el General, Santiago, 2005.
(Imagen de El Juez y el General.)

¿Me podría decir su nombre completo y rango militar?

Juan Carlos Molina Herrera, Cabo 1º del Ejército de Chile.

¿En qué año ingresó al ejército?

En febrero del año 1973.

¿Por voluntad propia?

Sí, desde pequeño tuve la vocación de ser militar.

¿Por qué eligió el ejército?

No tenía una relación con el ejército, pero me motivé porque desde que era chico me gustaba la aviación.

¿En qué año nació usted?

1954.

En el año 1973 era un año bastante álgido en Chile ¿Al ingresar al ejército decidió tomar partido de la situación que se vivía?

Cuando entré al ejército yo no sabía nada de política. Yo entré por mi vocación militar. Pero a medida que pasaron los meses nos dábamos cuenta de que estábamos viviendo un momento muy difícil. Siempre he tenido conciencia de que el golpe militar, era necesario. Puedo estar equivocado pero para mi lo ameritaba dada la situación que se vivía.

¿Cuénteme cómo fue ese día 11 de septiembre de 1973 para usted?

Nos despertaron muy temprano en la mañana, a las 5:30am. Pero no con la fuerza característica que lo hacían -a garabatos y gritos- todo lo contrario, en forma calmada. Nos duchamos y fuimos al comedor donde nos dieron un pan y una taza de leche. La primera sorpresa fue que nos dieron café con aguardiente y si queríamos podíamos repetirnos. Luego nos mandaron a formarnos al patio. La noche anterior, el 10 de septiembre, nos habían ordenado que sacáramos todas nuestras armas y fusiles y que los dejáramos un pabellón con el bípode puesto en posición para lo que sea que el Comandante de la Escuela Militar nos pidiera que hiciéramos. La madrugada del 11 de septiembre nos formaron en líneas por compañía y el comandante nos dijo “Vamos a limpiar Santiago”. Esas fueron sus palabras textuales.

Ahí entendimos que algo grave estaba pasando afuera.

Se abren las puertas de la Escuela de Suboficiales del Ejército y nos dicen que marchemos en dirección a La Moneda. 1  Un grupo por Lord Cochrane y otro por San Martín. No nos dijeron nada más; ni menos que ibamos a hacer un golpe de estado. Inclusive el coronel nos dijo que podíamos elegir si queríamos disparar nuestro fusil en modo rafaga o tiro a tiro.

Cuando llegamos a La Moneda, la Escuela de Infantería ya estaba ahí con los carabineros (policía) controlando a un grupo que estaba haciendo resistencia desde adentro de La Moneda. Ahí escuchamos el primer avión Hawker Hunter; luego el segundo y después vimos los rockets que impactaron La Moneda y ahí entendimos que se trataba de un golpe de estado. Posteriormente ingresamos a La Moneda por el patio de los naranjos en busca del Presidente Allende, y encontramos a otra unidad y nos ordenaron esperar afuera. Ellos entraron y el comandante nos dijo que el presidente Allende se había suicidado. Salímos y nos quedamos en la entrada que está por la calle Morandé y vi cuando sacaron al presidente Allende en una camilla de campaña verde, tapado con una frazada y se lo llevaron en una ambulancia verde con una cruz blanca.

¿Cuál fue su impresión en ese momento?

Fue una experiencia muy fuerte, se sentía como un sueño o mejor dicho una pesadilla, pero era la realidad. Luego empezamos a ver a los detenidos que estaban frente a La Moneda, alrededor de 20 personas boca abajo con las manos atrás de la cabeza y un tanque que se venía acercando  para pasar sobre ellos y si no hubiese sido por el General Palacios lo habrían hecho. Yo y muchos de mis compañeros vimos eso y pensamos que era un “teatro” eso de querer  pasar por encima de esos “tales por cuales”. Esas veinte personas estaban en la entrada de la calle Agustinas en dirección a Morandé. 2 Luego los pusieron de pie y los llevaron al regimiento Tacna. Nunca supe qué pasó con esas personas. Después nos fuimos por la calle Teatinos y ahí también tenían a más gente detenida. A algunos se los llevaron a la Escuela Militar y a otros al Regimiento Tacna. Volví muy tarde a la Escuela de Suboficiales, como a las 6 de la tarde. Había mucha gente detenida en las salas donde tomábamos clases. Ese mismo día fuimos a allanar la fábrica Yarur-Sumar, eran alrededor de las 12 de la madrugada. No sé a donde se llevaron a la gente que ahí encontramos. Yarur-Sumar era una empresa que había sido intervenida por la Unidad Popular, habían echado a los dueños y los trabajadores controlaban la empresa.

¿Cuándo empezó a sospechar de las violaciones a los derechos humanos que se estaban produciendo en Chile?

En 1974, a través de conversaciones con mis propios instructores y compañeros de armas me enteré de que estaban lanzando gente al mar, incluso que en algunos casos las personas aún estaban vivas. Pero como no lo había visto con mis propios ojos, entonces no le tomé la magnitud o el peso moral a lo que estaba sucediendo. Pensaba que eran casos aislados o personas que realmente merecían ser sancionadas. Lo que no me cabía en la cabeza era por que los estaban haciendo desaparecer.

Si una persona comete un crimen en un país, debe ser juzgado, y si es fusilado sus cuerpos deben ser entregados a sus familiares, no hacerlos desaparecer. Ahí fue cuando comencé a darme cuenta de que se estaban cometiendo delitos.

A veces después de almuerzo o después de un partido de fútbol alguien mencionaba en broma algo sobre la “Caravana del buen humor”, algo como “Hoy me tocó ir en el vuelo de la Caravana del buen humor y lanzamos cinco o seis hombres”. Y ¿Por qué le decíamos Caravana del buen humor? Bueno, porque a todos nos desagradaba hacerlo. 3 Las dos oportunidades en las que me tocó a mí fue muy desagradable, tanto para mí como para el resto de mis compañeros. Esto pasó en forma sistemática desde el año 1974, nunca pararon, se oía cada tres o cuatro días de un nuevo vuelo.

Juan Carlos Molina Herrera de 20 años en la Academia de las Fuerzas Aéreas Interamericanas, Panamá, 1974
Juan Carlos Molina Herrera de 20 años en la Academia de las Fuerzas Aéreas Interamericanas, Panamá, 1974.
(Imagen de El Juez y el General.)

¿Cuánta gente cree que pudo haber sido lanzada…?

Yo sé, y le he dicho a los jueces y ministros que deben haber sido arrojadas alrededor de 1,000 personas al mar. Fueron cientos de personas. Recuerdo a mis compañeros que decían: “Tiramos a 8 personas un día, 8 personas otro día…y así por años…” Y después me tocó a mí y tuve que hacerlo también. Al comienzo eran vuelos cada tres días, pero a veces eran todos los días. Y si haces la suma te das cuenta de que son centenares de personas que fueron lanzadas al mar. Otros fueron lanzados a las montañas o a los cráteres de los volcanes. Un compañero me contó que le tocó lanzar cuerpos a un volcán. Pero después dejaron de hacerlo, ya que por el calor que emite el volcán el helicóptero debe volar muy alto o hay peligro de caer dentro del cráter.

¿Cuándo fue la primera vez que le tocó participar en estas operaciones?

En noviembre del año 1979. Era un día viernes, aproximadamente a las cinco menos cuarto de la tarde, estábamos haciendo el aseo. Estaba el helicóptero de emergencia estacionado en el cabezal de la pista. Siempre estaba ahí en caso de alguna emergencia. Cuando veo que llega una camioneta Chevrolet, color crema con vidrios polarizados y se detiene a un costado del helicóptero. A los diez minutos me avisan que voy a tener que tripular el helicóptero y me dicen que al terminar me enviarán a casa en un vehículo, porque volveríamos tarde en la noche. Fui a buscar mi casco y ropa de vuelo. Cuando regresé al helicóptero, abrí la puerta del piloto y del copiloto. El helicóptero ya había sido revisado por lo que no era necesario hacer un prevuelo. Veo que la camioneta se va y que vienen los pilotos, y uno de los pilotos me dice: “Rápido Molina, ¡Nos vamos!”. Me puse frente al helicóptero y les indiqué que ya podían encender las turbinas.

Después de eso abrí la puerta para subir y me encuentro al lado derecho con un cuerpo de un hombre que va dentro de un saco con un pedazo de riel [de tren], luego miro al lado izquierdo y veo una niña, veo su pierna y un pedazo de su vestido. En ese momento un frío me recorrió el cuerpo y dije “Dios mío, me llegó mi turno!”. Tenía que hacerlo. Cerré la puerta completamente desganado, me siento y me comunico con el piloto, este me dice “cierra la escotilla porque no quiero ver nada. Cierro la escotilla y el piloto me dice, “Vamos directamente a San Antonio” [ciudad costera a una hora de Santiago], y nos fuimos. Las conversaciones de ellos también eran desganadas porque ellos sabían que íbamos a una operación muy difícil.

Llegamos a San Antonio y un hombre que estaba sentado en la parte de atrás del helicóptero lanzó los cuerpos al mar. Yo supe cuando los lanzaron porque ese helicóptero tiene una luz verde y una luz roja. La persona que los lanzó sabía por las luces que habíamos volado 10, 15 o 20 minutos mar adentro. El helicóptero se detuvo alrededor de 10 metros sobre la superficie del mar, la luz verde se encendió y el hombre que iba sentado atrás (en esa oportunidad era solo una persona) abrió una puerta y lanzó un cuerpo, luego abrió la otra puerta y arrojó el otro cuerpo. Luego cerró ambas puertas, la luz se apagó y sabíamos que la operación se había logrado.

¿Usted nunca vió cuando lanzaban los cuerpos?

No, no, no, la escotilla siempre iba cerrada y no podíamos ver. Afortunadamente nunca tuve que lanzar los cuerpos yo mismo. Si me afecta haber sido testigo ocular, imagínese cómo habría sido si me hubiese tocado lanzar los cuerpos a mi. Había personas esencialmente designadas para eso. Cuando lanzamos los ocho cuerpos, iban cinco hombres para eso.

En mi mente yo pensaba, “Pensar que los familiares de estas personas no tienen idea de lo que está pasando con sus familiares!”

En el primer viaje usted dijo que al abrir la puerta del helicóptero vió una pantorrilla de una mujer  joven, un zapato…

Sí, se notaba por la pierna y por el vestido blanco que se trataba de una mujer joven. Lamentablemente nunca vi rostros por lo que en mis declaraciones nunca pude identificar a nadie.

Cuéntenos sobre el segundo viaje en que participó.

El segundo viaje fue en junio de 1980, aproximadamente a la 1pm. Estaba en la cafetería almorzando cuando me comunicaron que tenía que hacer un vuelo al Recinto Militar Peldehue. 4

Tomé mi casco y bolso de vuelo, luego revisé y preparé el helicóptero. Llegaron los pilotos, e iniciamos el vuelo en dirección al Recinto Militar Peldehue. Esa era mi primera oportunidad en ese recinto militar, pero las personas con las que iba me dijeron que estábamos en una unidad especial de la Escuela de Paracaidistas. Entonces llegamos a esa unidad, bajamos del helicóptero y empecé la revisión post vuelo del mismo. En eso viene un soldado y me dice que los pilotos me habían mandado a llamar para ir al hangar que estaba a unos 30 metros, porque había un almuerzo que hacían todos los fines de semana en esa unidad, donde les daban dos empanadas y un vino tinto. Dejé cerrado el helicóptero y partí a juntarme con dos amigos que eran paracaidistas. Conversamos por alrededor de media hora mientras almorzábamos, en eso miré en dirección al helicóptero (porque para mi era como mi auto y había que mirarlo de vez en cuando) y esta vez vi dos camionetas, una a cada lado del helicóptero. Exactamente las mismas que vi la vez anterior.

Pensé: “Va a ser otra vez lo mismo. Y va a ser peor porque ésta vez hay dos camionetas. ¿Por qué me pidieron que dejara solo el helicóptero?” Mi compañero me ve la cara y me preguntó “¿Qué te pasó?” No podía contarle nada, y le respondí que me había dolido la cabeza después del vuelo. En ese momento sentí una sensación muy extraña. Pasó media hora, y de vez en cuando miraba en esa dirección, pero era muy difícil ver algo porque las camionetas estaban estacionadas justo afuera de las puertas de carga del helicóptero. Luego se fueron las camionetas y luego viene un soldado a avisarme que los pilotos dicen que están listos para iniciar el vuelo. Fui en dirección al helicóptero pero no quise abrir las puertas de carga y mirar en el interior porque sabía lo que iba a encontrar. Veo venir a los pilotos, les abro la puerta y uno de ellos me dice “¿Todo listo Molina?”

Se subieron e iniciamos el vuelo tal como la vez anterior. Pero esta vez abrí el visor que da a la parte de atrás de la nave porque ya sabía que llevamos cuerpos que serían lanzados al mar. Lo primero que siento es un olor muy fuerte a cloroformo. He conversado con otras personas que saben sobre ésto me han dicho  que puede haber sido una inyección que le ponían a los cuerpos y que incluso pueden haber ido vivas y que les daban la inyección para drogarlas. 5 En ese momento vi los cuerpos esparcidos por todos lados, iban dentro de sacos de papas y atados  a pedazos de rieles de trenes de un metro de largo aproximadamente que pesaban alrededor de 30 kilos. Los rieles se notaban que habían sido cortados hace poco porque los bordes estaban muy filosos.

Me senté entre los dos pilotos, ambos se veían muy molestos. Cerramos la escotilla y partimos en dirección a El Quisco, donde arrojaron los cuerpos. Esa es mi deducción ya que volamos directo desde Peldehue en dirección al mar y eso corresponde al área de El Quisco. En esa oportunidad volamos 25 minutos mar adentro ya que era de día y la gente podía notar lo que estábamos haciendo.

Íbamos con comunicación por radio y el teniente nos informó que ya estábamos en posición, y luego el piloto dice que que la luz verde ya estaba encendida, entonces yo le mencioné que ya había participado en uno de estos viajes. Abrieron las puertas y lanzaron los cuerpos por ambos lados como así también por la escotilla de carga. ¿Cómo sé eso? Porque había sangre por todo el helicóptero.

Esa gente sangró mucho, probablemente habían muerto hace poco, o les habían sacado las vísceras, no sé. Creo que deben haber sido 8 o 9 cuerpos, porque había mucha sangre. Y eso fue lo que me me hizo salir de mi unidad. Me quería ir, y me rehusé a limpiar porque no podía aguantar el olor de la sangre, más aún sabiendo que era sangre de personas humanas. Me fui y deje el helicóptero así y me castigaron por eso, y me dieron 20 días de arresto. Después de eso me dieron de baja y me quitaron mi arma porque me rehusé a continuar haciendo ese tipo de vuelos. Me arrestaron y me enviaron al Hospital Militar y ahí estuve por un mes.

Fui dado de baja de la peor manera. Me desalojaron del departamento de la institución y me robaron todas mis pertenencias, pero al menos iba a estar en mi propio hogar y podría dejar todo atrás. Pero yo no le echaba la culpa al ejército, sólo a ciertas personas, porque por el contrario, yo le tengo amor a esa institución. Porque tres o cuatro personas no son del Ejército de Chile. Y esa fue la lamentable situación que llevó a que me echaran del ejército y de la peor manera.

La PARTE 2 DE LA ENTREVISTA se publicará en julio de 2023

Referencias

  1. El Palacio de La Moneda, comúnmente conocido como La Moneda, es la sede del gobierno de la República de Chile.
  2. Molina se refiere a un incidente ocurrido en la salida oriental de La Moneda, en Calle Morandé.
  3. “La Caravana del buen humor” fue un programa de radio teatro humorístico que se transmitió en Chile a partir de 1964.
  4. El recinto militar Peldehue es una instalación militar ubicada a las afueras de Santiago.
  5. En las investigaciones del juez Guzmán hay testimonios de ex agentes estatales que describieron cómo a algunos presos políticos les inyectaban veneno antes de arrojarlos al mar. https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2003/06/30/ddhh-aparecen-pistas-sobre-vuelos-de-la-muerte-en-chile/

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